La normalización del cansancio: a propósito de Byung-Chul Han

EDWARDO CAMACHO
2 Min Lectura

Hay formas de cansancio que no se resuelven durmiendo. No tienen que ver únicamente con el esfuerzo físico, sino con una exigencia constante que parece no detenerse. Se acumulan en la rutina, en la necesidad de producir, de responder, de estar disponible. Ese desgaste, cada vez más común, es el punto de partida de La sociedad del cansancio de Byung-Chul Han.

Hablar de este texto en 2026 no es un gesto académico, sino una necesidad. La idea de que vivimos en una sociedad marcada por la autoexigencia resulta cada vez más evidente. Ya no se trata de una presión externa que obliga, sino de una dinámica interiorizada en la que cada individuo se convierte en su propio límite.

En ese contexto, el cansancio deja de ser una consecuencia ocasional para convertirse en un estado permanente. No es únicamente fatiga, es saturación. La imposibilidad de detenerse sin sentir que algo se está perdiendo.

“Toda época tiene sus enfermedades emblemáticas.” Esta afirmación de Han no es menor. Si se observa el presente, las enfermedades que atraviesan a gran parte de la sociedad ya no son infecciosas, sino emocionales y mentales: el estrés, la ansiedad y la depresión. No aparecen de manera aislada, sino como resultado de una forma de vida que exige rendimiento constante.

Lo que plantea Han no es una crítica al trabajo en sí, sino a la forma en que se ha transformado. El sujeto contemporáneo no solo trabaja: se explota a sí mismo. Y en ese proceso, el descanso deja de tener un valor propio.

Quizá por eso resulta pertinente volver a este texto hoy. Entender el cansancio no como debilidad, sino como síntoma.

Porque tal vez el problema no es que estemos cansados. El problema es haber aprendido a vivir así.

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