“Mujeres soñaron caballos”: cuando la normalidad se rompe en escena

EDWARDO CAMACHO
3 Min Lectura

Los actores ya están en el escenario cuando el público entra. Conversan como si nada ocurriera. Esa aparente normalidad es engañosa: lo que sigue en Mujeres soñaron caballos, del dramaturgo argentino Daniel Veronese, dirigida por Mariana García Franco y Abraham Jurado, es un desmontaje progresivo de las relaciones que sostienen a sus personajes.

La obra presenta a tres hermanos con sus respectivas parejas reunidos en un espacio cotidiano. Lo que inicia como convivencia familiar deja ver tensiones acumuladas: reproches, silencios y una incomunicación persistente que vuelve la reunión cada vez más inestable.

La escenografía al natural refuerza la idea de vínculos que deberían fluir sin artificios, pero están atravesados por fricciones constantes. Tres parejas bastan para construir un entramado donde el desconocimiento del otro y la dificultad para sostener lo que se dice quedan expuestos sin mediaciones. Lo inquietante no es lo que ocurre, sino cómo ocurre. Los diálogos avanzan entre lo cotidiano y lo abrupto, entre lo que se dice sin filtro y lo que apenas logra contenerse.

Dentro del elenco, las actuaciones de Mónica Jiménez, Francesca Guillén y Juan Ríos Cantú destacan con claridad. Su trabajo sostiene el ritmo de la obra y aporta una precisión escénica que permite que la tensión se mantenga sin recurrir al exceso. En ellos, cada gesto y cada palabra encuentran un peso específico que fortalece la experiencia escénica. 

El extraordinario texto de Veronese se impone como el verdadero eje del montaje. Su dramaturgia apuesta por mostrar personajes que no logran escapar de aquello que los define, incluso cuando intentan sostener una apariencia de estabilidad. Hay en su escritura una solidez que trasciende contextos y épocas; coloca al espectador frente a un lenguaje preciso, exigente, que demanda de quien lo interpreta un compromiso escénico constante. 

Lo que inicia como una reunión cotidiana termina por revelar algo más incómodo: esas relaciones no se quiebran de pronto, sino que llevan tiempo fracturadas. Solo hacía falta permanecer el tiempo suficiente para notarlo.Mujeres soñaron caballos se presenta en La Teatrería los sábados 9, 16, 23 y 30 de mayo a las 18:30 horas.

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