Toy Story 5: El reto de crecer entre pantallas

EDWARDO CAMACHO
4 Min Lectura

Cuando Toy Story se estrenó en noviembre de 1995, parecía una historia exclusiva sobre juguetes. Con el paso de los años descubrimos que también hablaba de nosotros. Woody, Buzz Lightyear, Jessie y los demás personajes nos hicieron mirar de frente el miedo al olvido, al reemplazo y a esa certeza de que el tiempo termina transformándolo todo. En Toy Story 5, ese conflicto cambia de forma. El rival ya no es otro juguete. Es LilyPad, un dispositivo electrónico.

Podría parecer que Pixar intenta enfrentar juguetes contra pantallas, pero la película parece proponer una reflexión mucho más profunda. Bonnie encuentra en LilyPad una nueva forma de relacionarse con el mundo. Ese cambio no habla únicamente de tecnología. También habla de una infancia que hoy crece rodeada de estímulos, pantallas y una necesidad de pertenecer que aparece cada vez más temprano.

Jugar nunca ha sido solamente una forma de entretenerse. Es el espacio donde niñas y niños descubren qué les emociona, inventan historias, exploran intereses y comienzan, casi sin darse cuenta, a construir su identidad. Sin embargo, hoy ese proceso convive con una presión distinta. Antes de preguntarse qué les gusta, muchos observan primero qué les gusta a los demás. La búsqueda de aceptación puede llegar antes que el descubrimiento de la propia voz. Poco a poco, el juego deja de responder a un interés genuino para convertirse, en algunos casos, en una forma de encajar. Ya no importa tanto aquello que despierta curiosidad, sino aquello que permite sentirse parte del grupo.

No creo que el problema sean los dispositivos. También permiten aprender, crear y comunicarse. El desafío aparece cuando comienzan a desplazar la conversación, el juego compartido o esos momentos en los que la imaginación nace sin instrucciones. Los juguetes nunca tuvieron miedo de competir contra otros juguetes. Su verdadero desafío comienza cuando la imaginación deja de ocupar el centro del juego.

Ahí comienza también la responsabilidad de madres y padres. Más que controlar el tiempo frente a una pantalla, el reto consiste en acompañar emocionalmente a sus hijos. Saber qué consumen es importante; comprender qué sienten, qué los preocupa y por qué sienten que necesitan la aprobación de los demás lo es todavía más. La tecnología forma parte de la infancia actual, pero ninguna aplicación puede sustituir una conversación que haga sentir escuchados, comprendidos y seguros a niñas y niños.

Quizá esa sea la reflexión más valiosa que deja Toy Story 5. El mayor riesgo no es que Jessie pierda su lugar frente a LilyPad. El verdadero riesgo aparece cuando una niña o un niño deja de lado aquello que realmente le apasiona para parecerse a los demás. La infancia debería ser el tiempo de descubrir quiénes somos, no el momento en que empezamos, demasiado pronto, a esconder aquello que nos hace únicos para sentir que pertenecemos.

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