¿Será que el planeta ya nos está cobrando todo lo que le hemos hecho? En 8 días dos desastres en Libia y Marruecos impactaron a la humanidad.
El 8 de septiembre un terremoto de magnitud 6.8 sacudió el centro de Marruecos, siendo el más devastador que vivió la región en el último siglo.
Marruecos se ubica donde convergen la placa africana y la placa euroasiática, de lo cual se deriva que este movimiento resultara devastador.
Los científicos dijeron que el hecho resultó de una acumulación de energía entre las placas tectónicas, mientras el epicentro se ubicó a 70 kilómetros de Marraquech, a una profundidad de 8,5 kilómetros bajo la superficie, un nivel suficientemente bajo como para que la intensidad fuera tan destructiva.
Incluso se reportó que el movimiento llegó a algunas zonas de España.
El resultado fue de unas 2 mil 800 víctimas mortales y miles más de heridos, más todas las personas que perdieron sus hogares debido a que las construcciones en ese país no están hechas para soportar sismos tan fuertes.
Libia y Marruecos muestran la fragilidad de la vida humana
El 9 de septiembre el ciclón Daniel llevó lluvias torrenciales a la región de Libia, lo que derivó en inundaciones, colapso de presas y más de 6 mil muertos.
Se calcula que 33 millones de litros cúbicos de agua salieron de las presas destruidas y arrastraron todo a su paso, ciudades completas desaparecieron y muchos cadáveres quedaron sin reconocer.
Bengasi, Al Marj, Al Bayda, Shahat, Tobruk y Derna fueron las regiones más dañadas y hasta el día de hoy aún no se tienen cifras exactas de toda la devastación, pero se calcula que aún están sin aparecer más de 10 mil personas.
El hecho que más llamó la atención internacional fue la acumulación de cadáveres en calles y fosas improvisadas, ya que obviamente los servicios que podrían encargarse de eso también colapsaron.
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