El arte y la potencialidad de simplemente saber mirar
Vivimos rodeados de imágenes, pero eso no significa que sepamos mirar. Caminamos por las calles pendientes del celular, entramos a un restaurante sin reparar demasiado en el espacio que nos recibe y nos sentamos frente a alguien mientras nuestra atención permanece en una pantalla. Estamos viendo todo constante y superficialmente, pero quizá hemos dejado de mirar.
Mirar directamente es otra cosa.
Significa levantar la vista mientras caminamos y descubrir un edificio que nunca habíamos observado con atención. Entrar a una cafetería y reparar en la luz, en los objetos, en las personas que comparten el espacio. Sentarnos frente a alguien que apreciamos y observar realmente sus gestos, sus expresiones, la manera en que ocupa un lugar frente a nosotros. También significa permitir que un paisaje, una obra de arte o incluso un rostro nos sorprenda sin la necesidad de registrarlo inmediatamente con una cámara.
Saber mirar se ha convertido, en nuestros días, en una especie de virtud. No porque mirar sea complicado, sino porque exige algo que cada vez parece más difícil: estar verdaderamente presentes.
El arte lo sabe bien. Frente a una pintura, una escultura, una instalación o una escena teatral no basta con pasar la mirada. Algunas obras necesitan tiempo. Hay detalles que solamente aparecen cuando dejamos de buscar inmediatamente una explicación y nos permitimos observar.
La mirada directa tiene además una posibilidad que ninguna pantalla puede sustituir por completo: el encuentro. Mirar un lugar puede hacernos descubrir que nos gusta. Mirar una ciudad puede provocar el deseo de volver. Mirar a una persona puede despertar curiosidad, afecto o incluso enamoramiento. Porque mirar también significa permitir que aquello que tenemos delante produzca algo en nosotros.
Una de las potencialidades más sencillas del arte es recordarnos precisamente eso: mirar requiere tiempo, atención y presencia.
Y en una época acostumbrada a verlo todo a través de una pantalla, simplemente saber mirar puede ser ya una fortaleza y hasta una forma de arte.

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