Con la niñez, NO.

Alejandra Gallardo
3 Min Lectura
IMAGEN: CUARTOSCURO

Con la niñez, NO. Ni por deudas, ni por venganzas, ni por el poder de las armas que han capturado nuestras calles. La niñez no es moneda de cambio ni campo de batalla.

Esta semana nos enteramos de dos casos en el Estado de México, que son un espejo de la barbarie: Fernandito, asesinado porque su mamá debía mil pesos, y Dulce, una niña de 12 años, ejecutada en Valle de Chalco, su muerte vinculada a una presunta deuda familiar relacionada al narcotráfico. Ambas familias, en condiciones de vulneración económica. Dos vidas truncadas, dos historias que no deberían existir, pero que son el retrato vivo de un país donde la violencia no conoce límites.

Los asesinatos de Fernandito y Dulce no son casos aislados. Según datos de la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM), entre enero y noviembre de 2024 fueron asesinados 2,243 niñas, niños y adolescentes, un 6.5 % más que en el mismo periodo de 2023. Tres de cada cuatro menores asesinados murieron a causa de un arma de fuego. Durante los primeros cinco meses de 2025, al menos 332 menores perdieron la vida de forma violenta, la mayoría varones. Son cifras que deberían helarnos la sangre.

Pero la violencia contra la niñez no solo se mide en números. Son las ausencias en la mesa familiar, las camas vacías, los pupitres que quedan sin dueño. Es la infancia arrebatada antes de tiempo.

Y cuando debería existir un sistema de justicia que actúe con firmeza frente a la violencia contra la niñez, lo que se encuentra son vacíos legales, ineficiencia judicial y una impunidad que envía un mensaje devastador: que la vida de un niño o una niña en México puede ser arrebatada sin consecuencias. El acceso real a la justicia para la niñez es una promesa rota.

Un país que mata a sus niños carece de futuro. No puede hablarse de paz ni de democracia mientras la niñez siga siendo blanco de las balas. La reconstrucción del tejido social debe empezar por ellos, con políticas públicas que no solo les protejan, sino que les devuelvan el derecho a vivir plenamente, sin violencia. Porque si no les cuidamos hoy, mañana no habrá país que defender.

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